ELENA, EL AVE FÉNIX

Publicado en por Mariló Navarro

ELENA, EL AVE FÉNIX

Cuando tuve ocasión de conversar con mi amiga, la escritora Marta Querol, sobre sus dos primeras novelas me mostré impaciente por saber el final de la historia, pues sabía que había algo más, que la historia de Elena Lamarc debía tener otro final, pero ella no quiso desvelarme nada. Por este motivo, cuando estas Navidades llegó a mis manos Yo, que tanto te quiero apenas tardé cuatro días en saborear sus páginas, tal era mi afán por saber.

Y es que si El final del Ave Fénix me enamoró, Las Guerras de Elena me atraparon y el desenlace me ha cautivado por completo.

Esta trilogía no es sólo una historia de una saga familiar, es un recorrido sociohistórico por la Valencia de casi un siglo, un reconocido homenaje a la lucha de la mujer en un mundo en el que su figura está infravalorada, un grito a nuestro interior más profundo, como padres o madres y como hijos e hijas.

En los dos primeros libros, como ya comenté con Marta en una entrevista anterior, no podía dejar de ver parte de mi historia personal, algunas de las similitudes con pequeños detalles familiares, nombres, lugares, oficios de los protagonistas me recordaban a historias que mi abuela me contaba de pequeña; son latentes los acontecimientos históricos que muchos recordamos, por haberlos vivido o por escucharlos en relatos: la guerra civil, la riada, la fuerte nevada del 56, las costumbres sociales, etc.

En este libro que cierra la historia de Elena Lamarc lo que más me ha llamado la atención y ha sido motivo de reflexión, ha sido el narrador. No era un narrador externo, como en los anteriores, ni siquiera era la bella Elena quien contaba su vida, no; son los ojos de quien más cerca está de Elena en su periplo, en su lucha con el mundo y contra el mundo, quien más la conoce pero que tarda en entenderla, porque la vida de Elena no ha sido fácil y comprender por qué actúa de una forma u otra sólo podemos saberlo conociendo su pasado, su relación con su madre, su esposo, la sociedad que la cuestiona y la que la acepta, su mirada y su intensa necesidad de proteger a quien más quiere. Ella fue la que mi hizo pensar, me hizo ver a través de mi, y preguntarme ¿Seré yo igual? ¿Habré actuado de la misma manera con aquellos a quienes yo tanto quiero? Y lo más importante: ¿Sabré hacer frente a todo lo que me espera?

Todas no podemos ser Elena Lamarc, pero en ocasiones nos gustaría.

Gracias Marta por hacernos sentir parte de algo tan hermoso.

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