EN EL MOMENTO QUE PUDIMOS QUEDAR

Interior del Café de las Horas

Interior del Café de las Horas

Hemos pasado  unos meses que el único contacto permitido era con aquellos con los que convivimos, salvaguardando distancia cuando salíamos a comprar y mirando de reojo que ningún desconocido se nos acercara más de la cuenta.

El ser humano, sociable por naturaleza, ha experimentado un cambio. Creimos que tras el confinamiento las personas darían lo mejor de ellas. Y nos equivocamos. Hemos podido observar como este periodo sacaba lo mejor de algunos y lo peor de otros, y éste es el problema.

Necesitamos volver a juntarnos, reunirnos con la familia y con los amigos, extremando las precauciones, eso sí, pero necesitamos volver a socializar.

La solución nos la han ofrecido en bandeja, nunca mejor dicho, porque gracias  a los bares y pubs y a sus terrazas, podemos volver a disfrutar de la agradable compañía de nuestros conocidos.

Yo me lo tomé con tiempo, tardé mucho en quedar con alguien. Aunque ya tuviéramos permiso, como niños que han cumplido su castigo, mis primeros pasos los hice sola: visita al Centro de Arte Bombas Gens, la inigualable exposición sobre Sorolla en la Fundación Bancaixa y mis eternos paseos de ida y vuelta a la Playa de Las Arenas para darme mis refrescantes baños matutinos.

En pocos días ya me sentí preparada. Mi amiga Trini quiso quedar para hacer alguna de nuestras marchas vespertinas, para rebajar esos quilitos de más que el encierro nos había provocado. El Nuevo Cauce del Turia era el lugar ideal, sin darnos cuenta lo recorrimos casi entero.

A mediados de junio mi necesidad de compañía, respetando la de mi marido, que es paciente de riesgo, aumentó. Ya teníamos claro que podíamos quedar con otras parejas para comer o cenar. Y nuestro punto de contacto no podía ser otro que el Restaurante La Tierruca de nuestro querido amigo Kike. Mi marido devora el chuletón que da gusto verlo.

Ahora ya empezamos con los tardeos y quedadas nocturnas. Una cervecita escuchando buena música en el Sofart Sounds o el Àtic Alameda, y la obligada visita al Café de Las Horas para pasar un buen rato con los eventos que maquina el original Marc Insanally. Siempre, por supuesto, rodeada de buenos amigos.

Queda mucho por hacer, mucho por visitar; quedan muchos amigos a los que abrazar  y dar algún codazo cariñoso; quedan muchas risas por compartir. Pero poco a poco. Sin precipitarnos.

Cómo seguiremos esta desecalada, nadie lo sabe a ciencia cierta. Lo que sí debemos asegurarnos es de seguir siendo nosotros mismos, de tratar de mejorar cada día, y de vivir el momento presente como el más importante.

 

EN EL MOMENTO QUE PUDIMOS QUEDAREN EL MOMENTO QUE PUDIMOS QUEDAR
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Personnaly © 2014 -  Alojado por Overblog